Gafas de marca ¿Merecen la pena?

Este post va a estar guiado no sólo por mi opinión a cerca de el concepto «de marca» sino también por mi experiencia centrada específicamente en el trabajo con todo tipo de gafas, de todos los precios, con y sin marca. Pero antes de entrar en lo particular voy a explicar qué entiendo yo por “marca”, qué ventajas nos ofrecen y qué peligros encierran.

Una marca es un atajo que nos facilita la vida.

Es así porque nos facilita la decisión de compra. Los enemigos de las marcas no entienden por qué hay personas que compran unas zapatillas «de marca» por 90€ cuando se pueden encontrar unas muy parecidas por 20€ en una tienda Low Cost o en el mercadillo más cercano. Es algo que choca frontalmente con su concepción de consumo inteligente. Debo reconocer que yo pensaba más o menos así hace años. Pero en algún momento alcancé a comprender el verdadero valor de las marcas.

En un mundo en el que tienes que tomar miles de decisiones a lo largo del día y en el que dispones del tiempo justo para cumplir con todas tus obligaciones profesionales y familiares, se hace imprescindible simplificar ciertos procesos para, con algo de suerte, encontrar momentos en el día para descansar o dedicarlos a lo que realmente nos gusta.

Practicidad: El dilema del regalo exprés

Imaginemos por ejemplo que dos personas tienen que hacer un regalo con poco tiempo (que no es lo ideal pero a veces pasa) y deciden apostar por unas gafas de sol. Nuestro sujeto “A” será el marquista y el “B” el no marquista.

« tiene en la cabeza que con unas «RayBan» puede que no sea muy original pero al menos quedará bien porque es un «buen» regalo . Así que no se complica, tarda 10 minutos en llegar a su óptica franquiciada más cercana, 5 minutos en elegir un modelo clásico de un color negro o habana y 30 min en llegar al cumpleaños con su regalo empaquetado. El regalo gustará o no pero él saldrá airoso de la situación.

«tiene el mismo regalo que hacer que «A» pero es consciente de la cantidad de tiendas, franquicias y ópticas independientes que están dispuestas a ofrecer el mismo servicio que él demanda. Así que se dispone a optimizar su compra: reseñas de Google, anuncios en redes sociales, valoraciones de influencers, publicidad en el buzón recibidas últimamente y breve encuesta entre los amigos más fiables. Ha tardado una hora en tomar la decisión sobre a dónde ir y aún le queda elegir el modelo de gafa, que seguro que en el establecimiento que elija querrán aconsejarle en función de la fisionomía del regalado, gustos, presupuesto… Para ese momento quizá llegue tarde al cumpleaños. Eso sí, está mucho más seguro de que ha tomado la mejor decisión. Será original, sorprenderá y gustará mucho (o no) el regalo al cumpleañero.

Pertenencia al grupo.

Es cierto que hay una satisfacción adicional que tiene que ver con el placer que produce el sentirse parte de un grupo con características afines. La marca que logra aglutinar mucha gente en torno a un concepto y hacer crecer la comunidad ya ha ganado y podrá vender casi cualquier cosa siempre que siga liderando esa comunidad. Si el cumpleañero del sujeto «A» además es marquista también, regalar una gafa RayBan será un éxito, independientemente de que el modelo elegido sea el que mejor le quede. Y si lleva una pulsera a juego también le encantará.

Las marcas haciendo gafas.

Las gafas tienen dos particularidades que las hacen especialmente atractivas para las marcas:

  • La dificultad que implica valorar su calidad para los no expertos.
  • La infinidad de estilos y modas que existen.

El proceso de selección de tus gafas siempre es complejo pero las marcas están dispuestas a simplificarnoslo. Eso sí, si quieres una gafa con ese aire «de marca» ¡hay que pagar el estatus! Hoy en día prácticamente todas las marcas de cualquier cosa tienen su sección de gafas y gafas de sol, incluso las que menos sospecharías: Agatha Ruiz de la Prada, Ferrari, Frozen, Mr Wonderfull, etc.

Y uno podría pensar que cada una de estas marcas tienen un equipo de diseño y una fábrica propia pero no es así. En realidad las marcas están en manos de grandes distribuidoras que pagan un elevado Royalty a las marcas para poder estampar su nombre en la varilla, y se comprometen a representar lo mejor que puedan el espíritu de la marca en la medida de sus posibilidades. En cuanto a las fábricas tampoco suelen ser propias, la producción viene normalmente de algún país de Asia, donde comparten espacio con otras gafas sin marca. Dicho esto, podemos concluir que en óptica “marca” no es garantía de calidad ni de diseño exclusivo.

Por supuesto hay excepciones, hay marcas que sólo se dedican a crear gafas, diseñadas y producidas por ellos que controlan el proceso de principio a fin. Como ejemplo tenemos Moscot, Mykita o Nina Mur. Que no te extrañe si no las conoces. Por cada una de éstas que ves en un escaparate de óptica, verás 10 de las otras.

En conclusión: si comprar unas gafas de la marca en la que confías te hace sentir bien, adelante. Si tienes tiempo y ganas de ponerte a buscar tu gafa ideal entre el océano de ópticas también está bien pero permitidme que en esta ocasión ponga en valor el trabajo de los profesionales de óptica, que también pueden servir de guía y eliminar incertidumbres más allá del nombre que aparezca plasmado en la varilla. Al fin y al cabo, si las gafas se doblan o se parten: Who you wanna call?? Ghostbusters!!!!

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Sábados 11:00-14:00h

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© Manolito Gafitas.