Lentes progresivas II. ¿Cómo funcionan?

Lentes progresivas II. ¿Cómo funcionan?

Queda mucho por decir sobre las lentes progresivas

Más aún viendo lo que mis clientes a menudo piensan sobre ellos, cosas que han oido en la oficina o leido en alguna página web. Para entendernos, cuando llegamos a una edad aproximada de 43 años, empieza a ocurrir que nuestra graduación de lejos y la de cerca empiezan a separarse gradualmente. Es en este momento de la vida cuando entiendes por qué tu padre siempre anda buscando las gafas de cerca o por qué tu madre anda cambiándose de gafas constantemente según quiera ver bien la tele o leer un libro.

Para evitar este baile de gafas existen las lentes progresivas que tienen la virtud de albergar diferentes graduaciones en las diferentes zonas de visión. Normalmente la parte alta de la lente estará graduada para la visión de lejos y la parte de abajo para cerca, aprovechando que para las tareas de visión próxima bajamos los ojos. Entre una zona y otra hay una progresión más o menos suave, de ahí el nombre por el que se las conoce habitualmente, lentes progresivos.

Problema resuelto, podríamos pensar pero no nos precipitemos porque ahora llegan las malas noticias. Para lograr esta progresión dióptrica, los fabricantes tienen que generar curvas bastante complejas en una de las superficies de la lente o en las dos y como resultado se generan inevitablemente unas zonas de distorsión, es decir, zonas por las que no vamos a ver nítido de ninguna manera, en otras palabras, nuestras lentes progresivas nos van a permitir ver perfectamente de lejos, de intermedia y de cerca pero nos van a limitar el campo de visión en horizontal puesto que son las zonas laterales de la lente las que van a contener estas distorsiones.

Ningún fabricante puede eliminar estas zonas, digamos grises, por mucho que alardeen de ello en su publicidad. La realidad es que el éxito de un diseño de lente progresiva radica en distribuir inteligentemente estas zonas indeseables de tal manera que molesten lo menos posible, que el usuario no llegue a notarlas en el uso normal de sus gafas. Para lograrlo, se realizan estudios en los que se registran los movimientos de los ojos al realizar diferentes tareas y en base a eso se “limpia” de distorsión las zonas más transitadas y se “ensucian” las zonas marginales. Las dos figuras que ilustran este post representan dos diseños distintos de lentes progresivas. La línea discontinua separa la zona de visión perfecta de la que no lo es.

Aparentemente todos querríamos usar el segundo diseño porque el campo de visión de lejos es muy amplio pero la  priemra figura no representa un diseño peor sino uno adecuado para una tarea en particular, el puesto de oficina. En este caso parece sensato sacrificar parte del campo de lejos con el objetivo de preservar el de intermedia, que es donde se sitúa el monitor. Si viéramos el diseño de un progresivo específico para la conducción, comprobaríamos que es completamente distinto, nadie quiere mirar el retrovisor y ver regular, en ese caso tienes que ver perfecto.

Por más que se investiga y por mucho que los fabricantes patenten sistemas de fabricación más y más complejos, lo cierto es que no hay lente progresiva libre de zonas de visión imperfecta. Como es natural, todos intentar vender la idea de que sus lentes son los mejores, tanto al cliente final en medios de publicidad masivos, como al profesional de la óptica mediante acción comercial. Lo cierto es que el éxito de la adaptación no depende tanto de la marca de los progresivos sino del conocimiento del profesional que los adapta, que tiene que ser buen conocerdor tanto de las necesidades reales de visión del usuario como de las ventajas e inconvenientes de los diferentes diseños de progresivos que existen en el mercado. Sólo con la información de los dos lados se puede garantizar el éxito. Os confieso que también para nosotros, los ópticos, también es ecomplicado conseguir información veraz a cerca de las prestaciones REALES de las lentes que utilizamos pero esto ya será objeto para otro post…