Deja de llamar vago a tu ojo… Hombre ya!

En serio, ya está bien de machacarle de esa manera. Los ojos vagos no existen y te recomiendo que empieces a darle cariño y encontremos un término más exacto y amigable para esos ojitos con más dificultades.

Lo primero es comprender qué se entiende por “ojo vago”.

Los profesionales tampoco contribuimos a acabar con esta injusticia pues acuñamos el término “ojo ambliope”. Estaréis conmigo en que tampoco es gran cosa y se entienda que la gente no nos haya comprado el cambio de término.

Cuando tienes un hijo vago más pronto que tarde recibes una llamada de su tutor para decirte algo como: “Su niño podría sacar buenas notas, lo que pasa es que no quiere.” ¿Se imagina a su oftalmólogo diciendo eso mismo de uno de sus ojos? Afortunadamente no se dará el caso porque un ojo vago ciertamente no puede aunque quiera.

La ambliopía

Se gesta normalmente en la más tierna infancia cuando por algún motivo uno de los ojos no es capaz de enfocar, es decir, no logra formar una imagen nítida en la retina. Mientras este ojo lucha por conseguir su foco el otro sí logra presentarle al cerebro una imagen clara de lo que está frente a él. Nuestro cerebro tiene bastante con eso para que nuestra percepción del mundo sea correcta. Ni siquiera solemos echar en falta el campo visual del lado opuesto. Así la persona va creciendo y si nadie lo remedia el desarrollo visual del ojo peor se hace muy difícil y la conexión con el cerebro no es eficaz. De tal forma que pasados los 7 años de edad el cerebro ya no será capaz de traducir perfectamente la información que le llega desde ese ojo, por más que utilicemos gafas o lentillas para ayudarle a formar una imagen nítida en su retina.

Eso, si nadie hace nada para remediarlo. El tratamiento es tan eficaz como impopular (a menudo me preguntan por qué se le siguen poniendo parches a los niños pequeños). Generalmente se tapa a intervalos el ojo mejor y se corrige el defecto de visión por medio de gafas graduadas. De esta forma le mandamos un mensaje al cerebro que dice “esto es lo que hay, apáñate”. Esta estrategia suele dar buenos resultados si se hace a tiempo y con constancia. La conexión ojo-cerebro se fortalece asegurando la agudeza visual del futuro.

Resumiendo, cuida de tus ojos y no les llames vagos. Los dos trabajan por igual aunque a veces a uno le luzca más que al otro. Y recuerda que NO te sirve como pretexto para aparcar en zona de minusválidos.

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© Manolito Gafitas.